Cazador cazado.

Victoria, Entre Ríos, Argentina. Pequeña ciudad, pueblo, que presenta gran territorio de isla. En los años 90 es parte de la cotidianidad que los padres y hermanos de familia vayan a cazar capibaras, o carpinchos como los llaman los etrerrianos, a la isla para alimentar a sus familias.

Un grupo de cuatro hombres de familia se dirigen a la isla.

Ya experimentados, los cazadores acechan de noche a sus presas. Al escuchar el sonido típico del grito del animal que buscan, tres de ellos se dirigen a las orillas del río mientras otro de ellos trepa un árbol a la espera de su objetivo en plena oscuridad.

Con el agua por las rodillas los hombres en silencio esperan.

Ha pasado media hora y aún ninguna escopeta ha sido disparada.

De repente, los tres hombres que están en el río escuchan los gritos de su amigo. Sin pensarlo los cazadores corren a auxiliar a su compañero.

Los alaridos de sufrimiento, de dolor, de angustia. A la vez que el camino que atraviesan los hombres hiere sus rostros con la espesa vegetación.

Al llegar, al pie del árbol yace la escopeta del hombre. Al dirigir la luz de la linterna hacia la copa del árbol, los cazadores no pueden racionalizar lo que sus ojos ven.

Su compañero abrazado al tronco, llorando, su mirada aterrorizada, su vestimenta rasgada, su rostro y manos con rasguños.

Al bajar, lo único que puede explicar a sus compañeros es que sentía que lo jalaban y arañaban, pero no podía ver de quién o qué eran aquellas manos o garras.

(Mi padre era uno de los cazadores).

 

 

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El niño del hospital.

Durante las noches, la sala de emergencias del hospital es muy concurrida. La sala de espera se encuentra colmada de gente. Por esta razón siempre alguna persona decide salir al jardín del hospital para respirar aire fresco.

El jardín es tranquilo, demasiado. Tiene árboles, césped, un camino de cemento y en el centro la estatua de un ángel. Al final del jardín hay otra edificación del hospital, se trata de la morgue.

Sales al jardín, respiras profundo y parecería que tu preocupación se aliviara un poco. Luego de unos minutos de tranquilidad, escuchas unos pequeños sollozos, pero supones que proviene de la sala de espera. Este llanto parece escucharse cada vez más cerca de ti. En ese momento tu curiosidad es más fuerte que tus ganas de quedarte sentado descansando.

Aquellos sonidos parecen provenir de la estatua del ángel. Te vas acercando lentamente y ves que algo se mueve detrás de la estatua. Llegas, estas justo detrás de él, un niño en cuclillas, tiene sus manos cubriendo su rostro y llora.

Le hablas, preguntas si está bien, si está con sus padres o con alguien. El niño no responde.

Entonces decides tocar su hombro para que se de cuenta de tu presencia. El niño voltea, sientes que te mira a los ojos, pero tú no puedes ver los de él, no puedes ver su boca, no puedes ver su nariz.

Café.

El hotel Magnífico se encontraba en un pequeño pueblo cerca de Ushuahia, Argentina. Durante la estación de invierno no recibía huéspedes, debido a las grandes nevadas que causaban un imposible acceso al lugar.

Durante aquellas noches de invierno la electricidad se cortaba a partir de las 00 horas durante toda la noche para ahorrar en gastos.

Alberto, el sereno y empleado de mantenimiento, junto a Victoria, la encargada administrativa, se encontraban en el hall del hotel la noche del 9 de Julio. Alberto decidió ir a la cocina a preparar dos cafés.

Ya en la cocina, en el momento en que el hombre estaba por volver con los cafés listos, las luces se apagan. De inmediato sale corriendo para encender los faroles en el hall para que Victoria no quede a oscuras.

Una vez encendidos los faroles, el sereno vuelve a la cocina. Al ver las tazas nota que su café ya había sido bebido.

El padre.

Era una noche en la casa como cualquier otra noche.

Aquella noche, la hija mayor despertó a la madrugada para ir al baño. Se levantó y salió de su habitación, al salir, vio a su padre vestido con la ropa de trabajo parado junto a la puerta de salida de la casa. Ella al verlo pensó que su padre ha de ir a trabajar de madrugada a la fábrica esta semana, ya que poseía turnos rotativos. Entonces le pregunta: -Pá, ¿ya te vas a trabajar?

Por lo que no recibió respuesta alguna, en cambio su padre le dirigió una sonrisa que la perturbó.

Decidió rápidamente seguir su camino a la habitación de baño.

Pasó por la puerta de la habitación de sus padres, se detuvo un momento, retrocedió unos pasos y lentamente abrió  la puerta. Su mirada se dirigió a la cama matrimonial de sus padres, allí se hallaba durmiendo su madre y su padre.