La oscuridad.

Como muchos niños de todo el mundo, mi hermano pequeño le temía a la oscuridad. Cada noche, la luz de su habitación permanecía encendida.

Un día, mis padres encontraron una cruz tallada en la pared del lavadero, se encontraba en una esquina cercana al suelo, muy escondida. Este suceso nos extraño y perturbó. Durante una semana fuimos encontrando estas cruces en distintos lugares de la casa, y no hallábamos explicación alguna de quién podía estar haciéndolas.

Una noche, mis padres y yo nos encontrábamos en el living, mientras que mi hermano ya estaba acostado. De pronto, escuchamos su grito: -¡Mamá!”

Mi madre se dirige rápidamente a la habitación y al llegar nota que la luz está apagada. Mi hermano exclama: -¿Por qué apagaste la luz?

Mi madre, sin entender bien lo que sucedía, responde: -Yo no apague la luz.

Su hijo menor cuestiona entonces: -¿Y quién era la mujer de negro que apagó la luz?

Dos semanas después mi hermano muere atropellado.

El niño del hospital.

Durante las noches, la sala de emergencias del hospital es muy concurrida. La sala de espera se encuentra colmada de gente. Por esta razón siempre alguna persona decide salir al jardín del hospital para respirar aire fresco.

El jardín es tranquilo, demasiado. Tiene árboles, césped, un camino de cemento y en el centro la estatua de un ángel. Al final del jardín hay otra edificación del hospital, se trata de la morgue.

Sales al jardín, respiras profundo y parecería que tu preocupación se aliviara un poco. Luego de unos minutos de tranquilidad, escuchas unos pequeños sollozos, pero supones que proviene de la sala de espera. Este llanto parece escucharse cada vez más cerca de ti. En ese momento tu curiosidad es más fuerte que tus ganas de quedarte sentado descansando.

Aquellos sonidos parecen provenir de la estatua del ángel. Te vas acercando lentamente y ves que algo se mueve detrás de la estatua. Llegas, estas justo detrás de él, un niño en cuclillas, tiene sus manos cubriendo su rostro y llora.

Le hablas, preguntas si está bien, si está con sus padres o con alguien. El niño no responde.

Entonces decides tocar su hombro para que se de cuenta de tu presencia. El niño voltea, sientes que te mira a los ojos, pero tú no puedes ver los de él, no puedes ver su boca, no puedes ver su nariz.